Solarigrafía: medio año en una sola imagen
Una lata, una hoja de papel fotográfico, un agujero de 0,3 milímetros. Meses después el papel lleva las trayectorias del sol, y ningún revelador lo ha tocado.
18 de agosto de 2026 · 7 min de lectura · Przemek Zajfert
La solarigrafía es fotografía sin obturador y sin revelador. Una cámara estenopeica, casi siempre una lata con una hoja de papel fotográfico de blanco y negro dentro, se queda fija en un lugar durante semanas o meses. En ese tiempo el sol quema sus arcos diarios directamente en el papel: la imagen no se revela, ya es visible al abrir la lata, y lo único que queda por hacer es escanearla.
Lo que sale no se parece a ninguna otra fotografía. Sobre la casa, el árbol, la calle que pasaron meses quietos delante del agujero, se abre un abanico de líneas claras: cada línea es un día, cada hueco una nube. Medio año de clima, legible en una sola hoja.
El equipo apenas merece ese nombre. Una lata vacía, un trozo de metal fino, una aguja, una hoja de papel fotográfico, cinta adhesiva. El resto es un buen sitio y la voluntad de no ir a mirar durante medio año.
Una imagen que nadie revela
En la fotografía de blanco y negro normal, la imagen expuesta es invisible. Una fracción de segundo de luz altera la plata del papel de forma tan débil que hace falta un revelador que amplifique ese cambio millones de veces para que aparezca algo. Por qué hasta una cucharada de café instantáneo puede hacer ese trabajo lo cuenta Caffenol: el revelador hecho de café.
La solarigrafía toma el camino contrario. Cuando la luz cae sobre el papel no un segundo sino mil horas, el cambio ya no necesita amplificación: la sal de plata se descompone por sí sola en plata metálica, y el papel se oscurece allí donde hubo luz. Los fotógrafos del siglo diecinueve conocían este efecto como ennegrecimiento directo. El propio sol, lo más brillante del encuadre, quema el trazo más nítido de todos.
De ahí la extraña regla básica de este proceso: sin revelador, sin fijador, sin cuarto oscuro. Cualquier baño químico no haría más que destruir esta imagen ya terminada. El papel sale de la lata, se escanea, y ya está.
La cámara: una lata, un agujero, una hoja de papel
Una lata de refresco de aluminio es el cuerpo clásico. Una lata de conserva con tapa o un bote de carrete funcionan igual de bien. Tiene que ser estanca a la luz y con espacio para que el papel repose curvado contra la pared interior.
Se construye así:
- Corta la parte de arriba de la lata. En el centro de la pared abre un orificio de unos cinco milímetros. Todavía no es el estenopo, solo su montura.
- El agujero de verdad va en un trozo aparte de metal fino, por ejemplo un recorte de una segunda lata. Perfóralo con una aguja fina, solo con la punta, y lija la cara trasera con papel de lija fino. El objetivo: entre 0,2 y 0,35 milímetros, redondo y sin rebabas. Pega el recorte por dentro, sobre la montura.
- Con luz muy tenue, coloca la hoja de papel fotográfico curvada dentro de la lata, con la cara de emulsión hacia el agujero y el agujero libre en el centro. Sin doblarla.
- Ciérralo todo: tapa puesta o film por encima, y después cinta negra en cada junta. Sobre el estenopo va una última tira de cinta a modo de obturador, que arrancarás cuando la lata ya esté montada en su sitio.
Que el agujero mida 0,25 o 0,3 milímetros no decide aquí entre éxito y fracaso. Una exposición de meses perdona casi cualquier imprecisión. Lo único que no puede ser es demasiado grande, porque entonces la luz difusa lava las trayectorias.
Dónde colocarla
La lata necesita vista libre al recorrido del sol. En el hemisferio norte eso significa orientarla al sur, o al menos al sureste o al suroeste. Tiene que entrar algo de cielo en el encuadre, o no habrá trayectorias, y conviene que entre algo de primer plano, o no habrá más que trayectorias.
Más importante que la orientación es la sujeción. La lata no puede moverse ni un milímetro en seis meses, o las líneas salen emborronadas. Las bridas alrededor de un canalón, un poste o una barandilla han dado buen resultado: dos, bien apretadas, con el agujero ligeramente inclinado hacia arriba. Balcón, jardín, alféizar: todo vale, mientras ningún alero tape el cielo.
Dos cosas antes de marcharte. Pide permiso si el sitio no es tuyo, porque una lata encintada en la valla de un desconocido acabará retirada por alguien que no sabía qué era. Y apunta la fecha y el lugar, mejor también en la propia lata: una nota resistente a la intemperie con una línea de explicación ha salvado muchas cámaras.
De solsticio a solsticio
Puedes colgarla en cualquier momento. A la semana ya hay trayectorias en el papel, y un mes da una imagen completa.
El periodo clásico, sin embargo, es el medio año entre solsticios, del 21 de junio al 21 de diciembre o al revés. La razón es simple: entre esos dos días, la altura del sol a mediodía recorre una vez entera la distancia entre su punto más bajo y el más alto. El papel muestra entonces el abanico completo, abajo el arco plano del solsticio de invierno, arriba el arco alto del verano, y en medio, día a día, medio año.
Hacia arriba no hay límite fijo. Hay solarigrafías expuestas durante varios años. Hasta dónde puede llevarse un tiempo de exposición lo demuestra una obra de Przemek: una sola exposición en la Münchner Freiheit de Múnich duró ocho años, de 2006 a 2014.
Leer las trayectorias
Una solarigrafía terminada es un registro del clima, y se puede leer como tal.
- Cada línea es un día. El sol cruza el encuadre una vez, siguiendo su arco.
- La altura de la línea es la estación. Los arcos altos son días de verano, los planos del borde inferior son días de invierno.
- Los huecos son nubes. El trazo solo se forma con sol directo. Una línea continua fue un día despejado, una discontinua fue un día variable, y donde falta el arco entero, el día fue gris.
- El primer plano es pálido y quieto. Casas, árboles y calles reciben en meses la luz justa para una imagen tenue. Todo lo que se movió, personas, coches, pájaros, ha desaparecido. Solo lo que permaneció está en la imagen.
Descolgar, escanear, invertir
Los minutos después de descolgar la lata deciden la imagen, y lo que piden, sobre todo, es rapidez.
Abre la lata con la luz más débil que encuentres, nunca al sol. Lo que tienes en la mano es un negativo de colores extraños, marrón, gris, a veces azul y violeta, aunque el papel sea de blanco y negro. Es normal.
Escanea el papel de inmediato, en una sola pasada, a alta resolución. La propia luz del escáner lo sigue exponiendo, así que no hay prueba previa ni segundo intento con mejores ajustes: el primer escaneo es el escaneo. Después, el papel va a un sobre opaco. Seguirá siendo sensible para siempre y se oscurece un poco con cada luz que recibe. A partir de ahora, el archivo es la imagen de verdad.
En el ordenador, invierte el negativo, voltéalo y sube el contraste. El velo marrón suele convertirse en un azul profundo, y las trayectorias del sol, en líneas claras. No hace falta más edición.
Cómo fracasan las solarigrafías
Conviene conocer los cuatro finales más frecuentes antes de empezar.
- El agua. El más común. La lluvia y la condensación se cuelan por cualquier junta floja, el papel se ondula y cría moho. Ayuda una buena cinta en cada borde, y también un pequeño orificio de drenaje en el punto más bajo de la lata. Algunos daños de agua acaban quedando mejor que el plan. No se puede contar con eso.
- Las personas. Las latas se arrancan, se tiran, se denuncian. Cuélgalas con discreción, fuera del alcance fácil, y con la nota explicativa puesta.
- La luz. Una junta que fuga expone la hoja entera, y meses después no queda más que un velo gris. En caso de duda, una capa más de cinta.
- El movimiento. Una lata que trabaja con el viento dibuja trayectorias temblorosas y dobles. Dos bridas en vez de una.
El mejor seguro es la cantidad: cuelga tres latas y, en medio año, casi seguro que en alguna hay una imagen. Una sola lata es más bien un experimento.
Otra forma de esperar
Przemek fotografía desde 1974, y desde 2014 trabaja la heliografía, el sol dibujando directamente sobre material fotosensible. La solarigrafía es la forma más accesible de esa fascinación: luz lenta que se escribe sola en la imagen, y una persona que tiene que aguantar meses sin mirar.
La cámara Both In Time no es una cámara de solarigrafía. Sus exposiciones van de cuatro segundos a unas horas, no de meses, y su espera es de otra clase: dos personas comparten un negativo, cada una expone una mitad, y hasta que las dos han terminado, nadie ve nada. En la solarigrafía esperas al sol; con esta cámara esperas a una persona. El material es el mismo en los dos casos: luz, papel y tiempo.
Preguntas frecuentes
- ¿Cuánto tiempo debe exponerse una solarigrafía?
Las primeras trayectorias solares aparecen a los pocos días. La cosa se pone interesante a partir de varias semanas, cuando las líneas empiezan a apilarse en abanico. El periodo clásico es medio año, de solsticio a solsticio: recoge toda la distancia entre el arco más bajo y el más alto del sol.
- ¿La solarigrafía necesita revelador?
No. Con una exposición de semanas y meses, la luz ennegrece directamente la plata del papel, así que la imagen ya está ahí al abrir la lata. No se revela ni se fija nada: el papel se escanea una sola vez y después se guarda a oscuras, porque con la luz sigue oscureciéndose.
- ¿Qué papel se usa para la solarigrafía?
Sirve cualquier papel fotográfico de blanco y negro, incluso uno caducado hace décadas. El papel plastificado, marcado RC en la caja, resiste la humedad mejor que el papel de fibra. El papel fotográfico de color no sirve. Córtalo con luz muy tenue y sin entretenerte.
- ¿Por qué las trayectorias del sol están interrumpidas?
Cada hueco es una nube. El trazo solo se forma mientras el sol da directamente en el agujero. Cuando un frente de nubes se interpone, la línea se corta. Un arco continuo fue un día despejado, uno discontinuo fue un día variable, y un día que falta fue un día gris.